Un arranque para el recuerdo
Finlandia llevaba desde 1964 sin enfrentarse a Estados Unidos y seguro que no le importará que pasen otros cincuenta años. No era el mejor día para autodenominarse la manada de lobos
(Wolfpack): al equipo nórdico le tocó ser cordero en manos de ese
matarife que es Mike Krzyzewski, que sigue ordenando el cosmos de su
roster en busca de, ya que hablamos de lobos, esa química que tan bien
definió Rudyard Kipling: el lobo es la fuerza de la manada y la manada
es la fuerza del lobo…
Estados Unidos puso talento, concentración y trazas de furia y de
esa defensa en formato telaraña que teje esa mezcla de ermitaño y
científico que susurra en el oído de Coach K: Tom Thibodeau. Casi 8.000
finlandeses, lo prometido cuando llegó una poco esperada wildcard,
vieron como su equipo era triturado de forma hermética y minuciosa en la
mayor paliza jamás vista en un cuarto de una Copa
del Mundo: 29-2. En esos diez minutos Finlandia anotó dos tiros libres.
Cuando vio aro, ya en el tercer cuarto y tras más de siete minutos de
sequía (60-18 al descanso), había enlazado 19 fallos seguidos. Más: seis
canastas en toda la primera parte por 17 pérdidas y 15 faltas.
El Team USA tocó techo en 114-52 y logró finalmente la séptima
ventaja más amplia de la historia del campeonato, segunda en su ranking
particular después de un 146-67 a Corea en 1990. Finlandia contribuyó a
que el simulacro de partido acabará en entrenamiento distendido porque
siguió a pies juntillas el peor guion posible ante el peor rival
posible: selección de tiro errática, tonelada de pérdidas de balón (31
en total por… 18 canastas). Su lucha por estar en los cruces empieza
ante Ucrania y pasa más por la resurrección de su tiro exterior que por
los empellones en las zonas de Lee y Murphy.
Estados Unidos dejó su nada inhabitual, jueguen quienes jueguen,
galería de transiciones supersónicas y mates hiperelásticos. Pero más
allá de eso dejó hechuras y profundidad. Nadie jugó más de 22 minutos y
Curry o Harden se reservaron para otro día dejando el liderazgo en manos
de un Anthony Davis
cuya superioridad fue indecorosa: 17 puntos y 4 rebotes en… catorce
minutos. El día fue especialmente idóneo para los que necesitaban
sensaciones. Derrick Rose dejó destellos en la oscuridad que le había
supuesto el último tramo de la fase de preparación. Forma en una segunda
unidad en la que sobresale el talento de Cousins y la naturalidad de
Klay Thompson, que en el juego FIBA hace alero sin despeinarse y ve el
aro como un océano en esta distancia de triple. Rudy Gay jugó muchos
minutos de ala-pívot, un parche circunstancial ante esa presencia
silenciosa que supone la ausencia de Kevin Durant, y los últimos minutos
son para DeRozan y los que serán necesarios contra la batería de pívots
de Brasil o,claro, España:
Drummond y Plumlee. Buenas sensaciones, espectáculo y una argamasa
visible de equipo reconocible y con unas señas de identidad
innegociables.
Fuente: AS (ESPAÑA)







0 comentarios:
Publicar un comentario