Decime qué se siete...
Uno, dos.... siete. Ponelo en la cancha a Neymar, traelo a Thiago
Silva, que adelgace Ronaldo, que rejuvenezca Romario, que Pelé deje de
hacer alguna publi. Brasil no tenía cómo frenar a esta Alemania. Un 7-1
tan humillante o más que el Maracanazo. Una paliza de un campeón del
mundo a otro tan aplastante que es difícil de creer que se trata de una
semifinal.
Brasil tuvo sus cinco minutos de gloria, el tiempo
que pasó entre los himnos y sus primeros dos ataques llevados por la
inercia de ser locales, el supuesto efecto Neymar. Cinco minutos...
Alemania se paró con un 4-1-4-1 y esperó que pasara ese amague. Con
Khedira, Schweinsteiger, Kroos, Müeller y Klose peleándose para ver
quién iba a jugar mejor.
El primer gol de Müeller fue tan fácil,
tan sencillo, con tanta facilidad que Brasil sintió el golpe. Chile,
cuando lo tuvo moribundo en octavos, no le dio el golpe de gracia. Por
las dudas, Alemania le metió cinco tiros en 18 minutos. Cinco goles en
los que parecían qque los alemanes eran brasileños. Pero brasileños
aquéllos en los que en su ADN estaba tocar por abajo, pasar e ir a
buscar, cuidar la pelota y no esta pésima versión con David Luiz
tirando pelotazos a nadie.
Ocupan los espacios, los defensores
salen jugando, el arquero tapa y tapa, y físicamente arrollan. No les
alcanza con cinco y meten siete. No les parece suficiente tener este
goleada que Klose le saca a Ronaldo la marca de mayor goleador de la
historia. Siete goles que pudieron ser diez y un descuento en el final
que generó ¡el enojo del capitán! Una paliza que pinta a Alemania como
hipersupermáximo candidato a ganar la Copa. Uno, dos... siete. Decime
qué se siete...
Fuente: OLE deportivo







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