El Tri saca un empate en Panamá
Salió ileso México, pero no sano. La aritmética del 0-0 le confina
con sus siete puntos en sitio inestable y con un partido más. Panamá
sigue en fila para la visa a Brasil.
México podrá
descargarse de culpas hablando de posesión de balón y de opciones en el
área. Pero la oratoria implacable del 0-0 le desmiente. Panamá acusó
nerviosismo, tardó en adaptarse y cuando pisó terrenos promisorios, no
fue capaz de terminar las jugadas por precipitarse en la entrega.
En
la lucha, desesperada, incesante, intransigente, intolerante, el juego
mantuvo un alto nivel de disputa física y táctica, y sólo, apenas, unos
cuantos donativos de talento, como para recrear elogios en el desenlace.
Ahora
México recibe a Costa Rica. La llave a la puerta mundialista sigue
siendo ajena. En otras manos, con un partido menos y que además ya no se
impresionan con las historias ancestrales del Tri.
LOS MAGOS, SIN TRUCOS...
A la intensidad del primer tiempo le sentó bien la intención. En ambos equipos. No hay reproche. El
trámite no se entretuvo en temores, pasó por encima de precauciones y
temores. En realidad había una disputa encarnizada por la pelota, rabia
por recuperarla, porque a final de cuentas, es requisito para las
pretensiones de ambos equipos.
México encontró una ruta
renunciando a otra que de entrada parecía más prometedora: cargó por
derecha. Ahí, en el mismo ritmo, en el mismo idioma, con las mismas
revoluciones, Chicharito Giovani y Aquino se atrevían a los lujos y a
las embestidas.
¿Qué faltó? Serenidad. En los tres.
Giovani para culminar sus arremetidas descarados con el pase preciso, y
Aquino llegaba a fondo, pero la entrega siempre tenía domicilio
equivocado.
Aún así, Chicharito tuvo dos. En esas
condiciones y en esos terrenos donde acostumbra sentenciar. Y falló. Una
de ellas una joya, recibe, encamina, desborda, pero el remate final,
tras el encaje fino de la jugada, terminó con una pobre definición.
Panamá
tenía respuestas más convulsivas y compulsivas. Tenía una ventaja:
Gerardo Torrado, nuevamente, llega tarde a las coberturas; si bien
adivina los relevos, pero no le alcanzan las piernas, y en el mano a
mano cuando reacciona, el adversario parece velocista olímpico.
De
ahí se apropió Panamá para encontrar el pasadizo, además de que Andrés
Guardado se demoró en asistir a un Torrado cuyo mejor futuro es respetar
su pasado.
En ese entorno, la mejor cosecha de México fue
en lo físico. Agobiando la salida del adversario, no cayó en fatigas, y
en el traslado del balón terminó por obligar a los panameños a
desplazamientos largos, a sabiendas sin embargo de que la alquimia del
horno húmedo es parte de su biología de desarrollo.
El 0-0
representaba hasta el medio tiempo un escrutinio sincero de la
alternancia de mando en la cancha, aunque es un embustero en la
generación de condiciones de gol.
LAS PUERTAS DEL SUICIDIO
El retorno abre dos puertas al drama. Panamá decide que es el momento de
la embestida con los riesgos. Y México sabe que le van a alargar la
cancha, pero también dejarán espacios más abiertos para el entonces
irresoluto Guardado. Si había olor a suicidio era de incienso rojo.Ya
no sólo Torrado pide a gritos sofá y pantuflas. También Zavala, quien
se desespera en la incapacidad de multiplicarse por dos, y especialmente
porque llega para el Tri el momento clarísimo para aprovechar que Blas
Pérez y Tejada dejan de asfixiar el manejo de recuperación y control en
el fondo mexicano, y especialmente de ponerle grilletes al matrimonio
Guardado-Salcido.
Ya en la madurez de una guerra sin
víctimas, y un segundo sofocón de intensidad del juego, Penedo y Corona
mantienen el rictus del empate 0-0 en el marcador. El gol es ya un ave
de rapiña que sobrevuela voraz ambas áreas.
Con dominio
territorial y de posesión, el Tri apuesta, presupuestalmente, por pausa
con Ángel Reyna (por Gio) y con recuperación y salida, intencional e
intencionadamente con Jerry Flores por un fundido Aquino; y buscó el
amuleto con Aldo de Nigris por un Chicharito que no causo pena, pero
tampoco cosechó gloria, a pesar de dos oportunidades claras. Chasco:
porque entonces Panamá despoja y desarma al Tri y se ensaña por su lado
derecho.
Queda claro el inmenso sauna del Rommel Fernández
empieza a pasar sus honorarios, porque incluso en balones de área ambos
equipos pierden claridad.
Al final, el 0-0 permite a México
salir ileso, pero, las llaves de los andenes mundialistas, de momento, y
con un juego menos, siguen en manos ajenas... y distantes.
Fuente: ESPN deportes







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