sábado, 16 de febrero de 2013

Rojo vivo

Independiente obtuvo esta noche una valiosa victoria por 1-0 en Liniers sobre el campeón Vélez, con diez hombres durante un tiempo y medio, y tomó aire y esperanzas de cara al duro camino que deberá recorrer para escapar de la zona de descenso. El visitante encontró la ventaja y luego puso el corazón para mantenerla frente a los embates del local.

Un extraño primer tiempo se vivió en el José Amalfitani. El Rojo empezó algo más enchufado, se quedó con diez hombres y asedió el Fortín, pero en un ataque aislado abrió el marcador la visita.

Lo mejor de los de Américo Gallego, antes de la merma numérica, estuvo entre Fernando Godoy y Daniel Montenegro, con poco, pero aportando juego en tres cuartos. Osmar Ferreyra fabricó la primera llegada con un tiro cruzado desde la izquierda en el palo, y a los 21 Julián Velázquez abandonó el campo por doble amarilla.

Los de Ricardo Gareca se fortalecieron entonces, con Emiliano Papa, Federico Insúa y Ezequiel Rescaldani, reemplazante del lesionado Facundo Ferreyra, en gran nivel, y los de Avellaneda la pasaron realmente mal.

El ex atacante de Quilmes estrelló un disparo en el palo y en el rebote el Pocho convirtió un tanto que sería anulado por un supuesto offside.

Parecía que la apertura del marcador estaba al caer salvo que la campana salvara a Independiente, pero a los 44 Sebastián Sosa salió mal a cortar un centro, tapó el cabezazo de Ernesto Farías y el balón le quedó por la derecha a Cristian Tula, quien definió de media vuelta al segundo palo.

El complemento fue del Fortín de punta a punta, aunque le faltó cambio de ritmo y profundidad para que su dominio impactara en la red. Rescaldani tuvo una chance en la que superó a Diego Rodríguez pero Federico Mancuello, de buena noche, le despejó la pelota cuando se aprestaba a definir. Y más cerca del cierre, Sebastián Domínguez cabeceó pero se volvió a topar con el arquero.

El correr de los minutos fue agregándole emotividad al desarrollo de la mano de los nervios crecientes de un Rojo que se iba abroquelando atrás para aguantar un triunfo que resignificaba como la resurrección.

El pitazo final desató así la emotiva fiesta de Independiente con un ojo en el promedio y otro en el clásico con Racing. Del otro lado, Vélez lamentaba su falta de ideas para plasmar justicia en el marcador y se quedaba preocupado por lo que le falta recorrer para volver a optimizar su nivel.


Fuente: TyC sports

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