Rojo vivo
Independiente obtuvo esta noche una valiosa victoria por 1-0 en Liniers
sobre el campeón Vélez, con diez hombres durante un tiempo y medio, y
tomó aire y esperanzas de cara al duro camino que deberá recorrer para
escapar de la zona de descenso. El visitante encontró la ventaja y luego
puso el corazón para mantenerla frente a los embates del local.
Un
extraño primer tiempo se vivió en el José Amalfitani. El Rojo empezó
algo más enchufado, se quedó con diez hombres y asedió el Fortín, pero
en un ataque aislado abrió el marcador la visita.
Lo mejor de los
de Américo Gallego, antes de la merma numérica, estuvo entre Fernando
Godoy y Daniel Montenegro, con poco, pero aportando juego en tres
cuartos. Osmar Ferreyra fabricó la primera llegada con un tiro cruzado
desde la izquierda en el palo, y a los 21 Julián Velázquez abandonó el
campo por doble amarilla.
Los de Ricardo Gareca se fortalecieron
entonces, con Emiliano Papa, Federico Insúa y Ezequiel Rescaldani,
reemplazante del lesionado Facundo Ferreyra, en gran nivel, y los de
Avellaneda la pasaron realmente mal.
El ex atacante de Quilmes
estrelló un disparo en el palo y en el rebote el Pocho convirtió un
tanto que sería anulado por un supuesto offside.
Parecía que la
apertura del marcador estaba al caer salvo que la campana salvara a
Independiente, pero a los 44 Sebastián Sosa salió mal a cortar un
centro, tapó el cabezazo de Ernesto Farías y el balón le quedó por la
derecha a Cristian Tula, quien definió de media vuelta al segundo palo.
El
complemento fue del Fortín de punta a punta, aunque le faltó cambio de
ritmo y profundidad para que su dominio impactara en la red. Rescaldani
tuvo una chance en la que superó a Diego Rodríguez pero Federico
Mancuello, de buena noche, le despejó la pelota cuando se aprestaba a
definir. Y más cerca del cierre, Sebastián Domínguez cabeceó pero se
volvió a topar con el arquero.
El correr de los minutos fue
agregándole emotividad al desarrollo de la mano de los nervios
crecientes de un Rojo que se iba abroquelando atrás para aguantar un
triunfo que resignificaba como la resurrección.
El pitazo final
desató así la emotiva fiesta de Independiente con un ojo en el promedio y
otro en el clásico con Racing. Del otro lado, Vélez lamentaba su falta
de ideas para plasmar justicia en el marcador y se quedaba preocupado
por lo que le falta recorrer para volver a optimizar su nivel.
Fuente: TyC sports







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