Independiente resistió ante Boca y avanzó
Independiente, sin Cristian Díaz y a la espera de Américo Gallego,
eliminó a Boca de la Copa Sudamericana tras igualar 0-0 en Avellaneda,
porque en la ida habían terminado 3-3 y vale doble el gol de visitante
en caso de igualdad en el marcador global. Con sangre, sudor y lágrimas,
los dirigidos interinamente por Enrique Borrelli resistieron los
últimos 45 minutos con uno menos y aprovecharon la falta de convicción
del visitante.
Ambos salieron una la misma postura táctica
(4-3-1-2) y confeccionaron un primer tiempo parejo sin muchas emociones
en las áreas. Hubo intensidad y pocos espacios, algo que les quitó
profundidad a los ataques. La primera chance clara llegó a los 15,
cuando Silva aprovechó un error defensivo y remató desviado. Luego hubo
que esperar hasta los 26 para ver el disparo de Rosales desde media
distancia que contuvo Ustari.
Precisamente, el ex Unión fue el
más destacado de la parte inicial a partir de su juego a espaldas de
Ledesma y Sánchez Miño. Él fue quien también construyó una gran jugada
individual a los 45 y envió un centro que Farías no supo aprovechar. Al
Xeneize le faltó conexión entre los volantes (sobremanera, Chávez) y su
doble nueve (Viatri-Silva), mientras que Albín y Clemente estuvieron más
abocados a la marca que a la proyección.
Luego del descanso,
Falcioni metió a Acosta por Chávez y confeccionó un ambicioso 4-3-3. La
apuesta dio réditos instantáneos. El ex Lanús desbordó a Morel en su
primera jugada y mandó un centro que Tuzzio le birló a Silva. Y
enseguida, cuando no había pasado ni un minuto, el mismo defensor vio la
segunda amarilla por bajar al recién ingresado, luego de un pase
errático de Morel. Borrelli sacó a Rosales y rearmó la defensa con
Galeano, en el peor momento del Rojo.
Luego de la zozobra,
Independiente se robusteció y bloqueó el avasallamiento de Boca. Con el
manejo de Vargas, el despliegue de Ferreyra por izquierda y la viveza de
Vidal, el local le mandó un mensaje a su rival y le advirtió que aún
estaba vivo. La fe roja se incrementó a medida que Silva prolongó su
ineficacia en plena área chica (Somoza también perdió un gol increíble).
Enojado por la falta de elaboración, Falcioni sacó a Ledesma y puso a
Paredes. Y el partido se tornó dramático.
Boca confundió los
caminos, no supo dominar a un rival que llegaba golpeado y encima estaba
en inferioridad numérica, y se quedó con las manos vacías como castigo a
su pobreza. La contracara fue el renovado Independiente, que caminó por
la cornisa pero salió a flote a partir de su mística copera. Gallego
seguramente se habrá dibujado una sonrisa enorme en el rostro, mientras
espera la presentación de mañana. Envigado de Colombia o Liverpool de
Uruguay, que igualaron 1-1 en tierras cafeteras, será el próximo
adversario en octavos de final.
Fuente: TyC sports







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