River gritó campeón y regresó a Primera
Tuvo que esperar hasta el final, hasta la fecha 38. Debió
sufrir muchísimo, cuando en los papeles parecía sólo un trámite. Afrontó
críticas, despertó pocos elogios, brilló en contados partidos y penó inexplicablemente
en otros. Revolucionó el torneo de la B Nacional. Después de un año, el peor de
su rica historia, River volvió a Primera.
Y lo hizo con el grito de campeón que estaba atragantado,
debido también a la inesperada derrota de Instituto frente a Ferro. Tras
superar por 1-0 a Almirante Brown en el estadio Monumental, el equipo de Matías
Almeyda cumplió el objetivo, dejó atrás las penas y los fantasmas y estalló en
un grito estremecedor, de alegría, de alivio.
La tensión se trasladó desde el comienzo al campo de
juego. El elenco millonario se cansó de tirar pelotazos largos sin sentido
durante los minutos iniciales y chocó una y otra vez contra un rival bien
posicionado, que sólo sufrió en una maniobra y hasta se animó a trasladar por
abajo. El dueño de casa fue pura imprecisión y nervios.
Tras 20 minutos de pura confusión, donde jamás logró
asociarse y desprenderse de las marcas asfixiantes, el conjunto de Núñez
pareció tranquilizarse y encontrar el camino desde los pies de Alejandro Domínguez,
quien se sacó a dos hombres y se la dio a Ponzio para un remate que pasó cerca.
Se encaminaba a tomar el protagonismo.
Esa sensación se profundizó a los 25 cuando el Chori la abrió para César González y este la puso al medio para Trezeguet, quien falló en primera instancia y luego la dio con alma y vida; entre Monasterio y Nievas evitaron el gol sobre la línea. Almirante frenó ese momento con un cabezazo del propio Nievas que Vega atajó con esfuerzo.
Esa sensación se profundizó a los 25 cuando el Chori la abrió para César González y este la puso al medio para Trezeguet, quien falló en primera instancia y luego la dio con alma y vida; entre Monasterio y Nievas evitaron el gol sobre la línea. Almirante frenó ese momento con un cabezazo del propio Nievas que Vega atajó con esfuerzo.
Esa apertura del juego duró un suspiro. Volvieron a
cerrarse los caminos para ambos, pero más aún para River, que cayó nuevamente
en una marea de imprecisiones. Buscó con el Maestrico por ambos costados, pero
el venezolano nunca fue solución. Además, no tuvo salida clara por Cirigliano,
muy presionado por Meza Sánchez.
El más parejo dentro de un nivel de pobre para abajo fue
Ponzio, quien empujó y recuperó en el centro del campo. Trezeguet, Cavenaghi y
Domínguez nunca se conectaron, y el Millonario terminó sin la pelota ni el
control. Almirante la tomó y la hizo correr sin apuro sobre el cierre, al ritmo
del “ole, ole” que bajaba de su hinchada.
Almeyda se la jugó en el comienzo del complemento: mandó
a la cancha a Ocampos por González y a Rogelio Funes Mori por Cavanaghi, nada
más y nada menos. Y el Mellizo fue uno de los inesperados protagonistas para el
ascenso directo. A los 4, en clara posición adelantada, tiró una pared de
cabeza con Trezeguet y el franco-argentino clavó una volea fantástica contra un
palo.
Allí se tranquilizó el dueño de casa y tomó definitivamente las riendas de un partido que estaba complicado. No fue la única del Mellizo, quien se tomó revancha tras haber sufrido bien de cerca el descenso ante Belgrano. El juvenil también estuvo cerca de marcar con un cabezazo que tapó Monasterio abajo.
Allí se tranquilizó el dueño de casa y tomó definitivamente las riendas de un partido que estaba complicado. No fue la única del Mellizo, quien se tomó revancha tras haber sufrido bien de cerca el descenso ante Belgrano. El juvenil también estuvo cerca de marcar con un cabezazo que tapó Monasterio abajo.
Estaba todo listo. Perdían Instituto y Rosario Central y
estaba todo servido. A los 29 se vivió otro momento emotivo: ingresó Aguirre y
salió el Chori Domínguez, quizás en su último partido. Volvió a subir y lo
logró. Y el Pelado, en una de sus primeras intervenciones, recibió de Funes
Mori y fue víctima de un claro penal. Trezeguez lo pateó mal y contuvo
Monasterio.
Pero no florecieron los fantasmas. Los otros equipos no
podían, Almirante estaba contenido y River sólo debía definirlo. Así lo hizo a
los 43: Funes Mori se escapó de gran manera por la derecha y lo dejó
absolutamente solo a Trezeguet, quien la empujó sobre la línea para sentenciar
la historia. Ya está escrita: el Millonario, otra vez donde debe estar. Otra
vez en Primera.







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