martes, 16 de noviembre de 2010

River desató su fiesta ante Boca en el Superclásico

Que el Superclásico tuviera un sabor atípico, tanto por el día de su disputa como por la extrema necesidad de ganarlo de ambos protagonistas debido a su magro presente, anunciaba que un triunfo iba a ser un desahogo máximo para quien lo alcanzara. Y, merecidamente por lo mostrado en el campo de juego, esa fiesta la desató River, nada menos que ante su gente en el Monumental. El 1-0 sonó austero por las diferencias mostradas en el campo de juego: aún sin florearse, el Millonario de Juan José López fue extremadamente más que un Boca sin brújula, ni ideas, ni reacción, que mantiene a Claudio Borghi en la cuerda floja.

En el primer tiempo, pese a exhibir el protagonismo que lo caracterizaría durante todo el trámite, la Banda no consiguió la contundencia como para irse al vestuario arriba. El dueño de casa no dudó a la hora de maniatar el juego de un poco relevante Juan Román Riquelme, que desde temprano se vio afectado por una dolencia en la pierna derecha, y a partir de esa atenta marca de Matías Almeyda y Walter Acevedo construyó una superioridad indiscutible también en ofensiva.

Roberto Pereyra complicó mucho por izquierda frente a Christian Cellay y Ariel Ortega arrancando por derecha a espaldas de Clemente Rodríguez, mientras que Erik Lamela acompañó desde atrás a un Mariano Pavone que fue de mayor a menor en cantidad y calidad de intervenciones. La defensa xeneize se vio muy lineal, desatenta, y dejando espacios vitales entre su posición y la de los volantes. Así, Javier García tuvo mucho que ver con el cero que logró antes del descanso. Y arriba, la visita no generó ni una chance neta.

Pavone fue el primero en amenazar con un remate desde afuera y luego lo siguió con la misma fórmula Lamela. Paulo Ferrari definió por arriba después de una gran jugada de Pereyra que lo dejó solo y Acevedo, de tiro libre, le dio trabajo a un García que también se lució en un mano a mano con Ortega.

El complemento arrancó con una noticia que echó por tierra aún más las aspiraciones de Boca: Riquelme no aguantó más y Cristian Chávez ingresó en su lugar. El desarrollo, no obstante, continuó en la misma tónica: River intentando y el Xeneize sin respuestas. García debió esforzarse ante una pelota parada de Lamela, y Matías Caruzzo cometió una mano intencional adentro del área no cobrada por Héctor Baldassi, que antes también había ignorado un agarrón sobre Jonathan Maidana.

Hasta que, a los ocho minutos, sucedió lo anunciado: Córner desde la derecha, Maidana que se eleva y cabecea de pique al piso a la derecha de García. La justicia para River llegaba, justamente, de la mano de un ex Boca.

El gol cambió un poco el panorama: el local ya no buscó con tanta vehemencia, y la visita tuvo su chance de centrarse algo más en la escena. Pero ello no hizo más que desnudar sus miserias: ni la obligación ni los ingresos de Fabián Monzón y Lucas Viatri modificaron la languidez de su juego, siempre dependiente de algún pelotazo salvador.

Los de J.J. podrían haber aumentado con un disparo desviado de Pereyra y, cerca del final, con un tiro libre de Lamela apenas alto. Pero, en líneas generales, la defensa lejos de Juan Pablo Carrizo le funcionó de maravillas al entrenador. No pasó sobresaltos, excepto por el único intento peligroso xeneize a través de un remate lejano de Chávez que atajó el arquero, acción que se dio a los... 23 minutos del segundo tiempo.

Así, el resultado no tuvo casi suspenso. El final fue una consecuencia justa de todo lo sucedido. Una nueva edición del clásico agravaba la situación de Boca, y River festejaba alejando por un rato los fantasmas de la Promoción. Es un hecho: los clásicos son partidos aparte.


Fuente: TyC sports

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