Scola baila samba y Argentina avanza
Un paseo por el río Sena al anochecer. Un baño en una playa paradisiaca. Una mirada cómplice, una sonrisa sincera, unas lágrimas de alegría... un Argentina-Brasil. 7 de septiembre de 2010. Apunten esta fecha. O mejor no, olviden todo lo que rodeó a este día en el que hubo dos protagonistas que quedarán muy por encima de la efeméride para la historia al protagonizar, probablemente, uno de los mejores partidos vistos en un Mundial y, sin lugar a dudas, el mejor de esta edición en Turquía. Un ganador, Argentina, que se niega a cerrar el ciclo y morirá por un concepto, por unas ideas y una garra que ningún otro equipo exhibe en el baloncesto internacional. Un perdedor, Brasil, que bien tiene un hueco entre los 8 mejores del mundo y al que sólo un Scola supremo (37 puntos) pudo dejarle en la cuneta.
Primera jugada de partido, balón que le llega a Huertas, que no duda en jugarse el triple. Dentro. A continuación, Scola responde con 7 puntos consecutivos de todos los colores. Barbosa anota otro triple, respondido por Delfino, y el propio Huertas anota un 2+1: 10-11. ¿Pero esto que es? ¿Puede haber un inicio más maravilloso? ¿Algo mejor que tres minutos tan frenéticos?
Sí, 40 minutos de locura. Los que regalaron Argentina y Brasil en el partido estrella del Mundial, en el encuentro más salvajemente bello de todos los vistos en Turquía. La racha se prolongó. Huertas y Barbosa monopolizaban el juego brasileño con sus puntos, pero los albicelestes iban de tres en tres, con 5/6 en triples en estos minutos. El último triple de Delfino, el tercero en su cuenta, le daba la iniciativa a Argentina (19-15), aunque Marcelinho, otra vez él, le daba la vuelta al partido un minuto después... ¡21-22! Y sólo habían pasado 7 minutos.
El ritmo se frenó (25-25, m.10). Era imposible mantener esa intensidad y ese acierto. Sin embargo, el espectáculo no se redujo ni un ápice. El partido entraba en una paradoja. El ritmo rápido que supuestamente beneficiaba a Brasil le había dado ventaja a Argentina y un juego más sereno y pausado, permitió a los brasileños recuperar la iniciativa, tras la enésima canasta de Marcelinho: 27-30. Otra vuelta de tuerca. Un 7-0 del combinado dirigido por Hernández cambiaba otra vez el signo del choque en un encuentro en el que el mayor margen de diferencia no superaba los tres o cuatro puntos.
Gutiérrez rompió esta tendencia con un triple (46-40) pero, justo antes del descanso, Huertas ponía la guinda a su descomunal exhibición con un triple forzado sobre la bocina que convirtió en jugada de 4 al forzar la falta y anotar el adicional. Pocos segundos después, robaba, forzaba otra personal, alcanzaba los 18 puntos y permitía que su equipo mandase al descanso: 46-48. ¿Algún ejemplo más gráfico que este duelo para definir el concepto de "toma y daca"?
Nada más arrancar el tercer periodo, lo construido pudo desmoronarse como un castillo de naipes. Y todo por un arranque frenético de los brasileños (46-53), que amenazaban con romper el partido y mandar al garete tanto espectáculo y tanta emoción en el marcador. Esos siete puntos de desventaja, tras hacerlo todo casi a la perfección, podían haber desmoralizado a cualquiera, mas no a un equipo acostumbrado a batallar en situaciones mucho más adversas. Lo han hecho en la última década y casi siempre con éxito.
Fuente: ACB deportes







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